Cuando Said llegó a casa aquella noche, recordó la conversación que había tenido con Rashid en el camino: “nadie sería capaz de dejarnos aquí”, “Si nos ha tocado esto será por algo”, “si averiguamos que es real podemos buscar un atajo”. El bueno de Rashid…un atajo… ¡ojala! Pero al menos quería descubrir si el paraíso existía. Su madre le encontró pensativo con la espalda pegada a la puerta.
- Hijo, ¿qué te ocurre?
- Nada mamá, es que anoche tuve un sueño. Un niño me llevaba a un lugar muy bonito donde otros niños estudiaban. Y hoy he tenido una conversación con Rashid a cerca de eso. Él dice que si existiera un mundo así nadie hubiera sido capaz de dejarnos tirados. ¿Ese mundo existe?
La madre entristeció. No sabía cómo explicar a su hijo que ese lugar existía, pero que no les había tocado. Y que mucha gente en su intento de llegar o había muerto o no tenía una vida fácil en el nuevo mundo. Pero, ¿cómo decir a su hijo que nunca podría buscar una salida? No, era mejor no decírselo. Era demasiado pequeño como para destruir sus sueños.
- Hijo, ese mundo existe, pero está muy lejos y no cualquiera puede llegar. Quizás dentro de unos años podamos buscar alguna forma de irnos de aquí. Cuando tengamos dinero. Ya sabes que lo que trae papá a casa no llega para mucho. Y tú hijo…bastante haces. No sabes lo orgullosa que estoy de ti. Eres un niño muy responsable.
- Hago lo que puedo mami, yo sé que tú no puedes trabajar, que estás malita. Así que soy bueno y no me quejo. Algún día seré el jefe y ganaré tanto dinero que podremos comer tanto como queramos. Ya verás.
Sarah había soñado muchas veces con poder dar a su familia lo necesario para vivir dignamente. Pero en aquel lugar era algo impensable. Y menos con una enfermedad que apenas le permitía moverse de la cama. Su marido trabajaba de sol a sol en el campo y ella trataba de tener la casa recogida para que sus dos hombres se sintieran felices al llegar de trabajar. Si los sueños mantenían a Said con ese optimismo, ¿para qué enseñarle algo que acabaría con la mirada tierna e inocente que tenían sus ojos? Al menos esperaba que antes de que se hiciera mayor, las cosas cambiaran. Alguien tenía que ayudarles.
A la mañana siguiente, los dos niños se volvieron a encontrar en el camino.
- ¿qué tal Rashid? ¿Sabes? Me ha dicho mi madre que ese lugar existe, pero que está muy lejos y que es difícil llegar.
- Ya, mis padres me han contado que el otro mundo no es tan divertido. Que a muchos cuando llegan les devuelven a su casa. ¡Después de todo el trayecto! Y que hay que estar autorizado para que te dejen pasar.
- ¿Ah sí? ¿y qué hay que hacer para estar autorizado?
- Pues no sé, supongo que ser un buen trabajador aquí. Si eres buena persona te dejarán ir, ¿no crees?
- Sí, tienes razón Rashid. Últimamente no estamos trabajando bien. El jefe nos mira un poco mal. El otro día me dijo que estaba cundiendo muy poco y que como siguiera así tendría que hacer horas extra.
- Pues entonces tendremos que trabajar más y mejor. Estoy seguro de que así nos darán el permiso para marcharnos.
- ¿Y nos dejarán llevarnos a nuestros padres?
- Claro, los niños no pueden viajar solos.
- Entonces hoy vamos a encontrar veinte lingotes de oro. Ya verás qué contentos se ponen todos.
- Sí, hoy va a ser nuestro día.
Haciendo planes de futuro, Rashid y Said llegaron a la mina. Y clavaron el pico con más fuerza que nunca. Por primera vez estaban motivados. Pensaban que trabajar mucho algún día les recompensaría. Y que sus jefes les darían el premio a los mejores niños con una autorización para poder descubrir el nuevo mundo. Eso si antes la realidad no se imponía a unos sueños que no podrían mantenerse en pie para siempre. Aunque lograran ocultarla por un tiempo, nunca desaparecería. ¿Serían lo suficientemente fuertes como para aguantar toda una vida en esas condiciones? ¿O serían lo suficientemente fuertes como para cumplir en objetivos los sueños irrealizables? A lo mejor la tragedia también termina saliendo a la luz y alguien con mucho poder hace algo por sacarlos adelante. Pero eso sí que es un sueño irrealizable en su grado máximo. Y de sueños no se vive. Se vive de la lucha, de la constancia, de la iniciativa, del sacrificio. No sólo de la gente pobre, sino también de la gente que con sus posibilidades puede ir aportando su granito de arena. El punto de partida para tomarnos el cambio en serio está por llegar. ¿Hasta cuándo esperaremos?
Genial final. El relato en general podría incluirse perfectamente en un documental que vi ayer (lo dieron con El País hace unos meses) producido por Javier Bardem y realizado por cinco directores distintos, Isabel Coixet y Javier Corcuera entre ellos, que narra cinco historias de gente dejada de la mano de dios.
Presicamente se llama “Invisibles” y una de las historias habla de niños de Uganda que aparte de trabajar de sol a sol, de noche tienen que ir a dormir a refugios especiales porque sino les raptan para convertirlos en niños soldado. Los llaman los night commuters.
El documental merece la pena, lo mismo lo podéis bajar de internet.
Un besazo y enhorabuena por el pedazo de relato!!
Llegué tarde para comentar la parte 2 pero bueno, en general, me encantan las 3 partes. Coincido con Lara en que el final está genial. Bueno, el final y todo, me gusta mucho ^^
Enhorabuena! xD
cenquius x vuestras aportaciones, mis queridas lectoras habituales, ^^. Intenté que el final fuese abierto para que cada uno lo interpretase a su manera. Me alegra saber que os ha gustado y que aunque haya sido uno de mis primeros cuentos, el resultado no haya sido catastrófico, jajaja. Ya sabéis que me gusta dar ese toque reivindicativo a (casi) todo lo que escribo. Así que nada, seguiré protestando a mi manera, jajaja!!! Saludillos
Muy buena la parte 3. Me mola eso de que los niños siempre sigan teniendo la ilusión de sus sueños “inalcanzables”. Este tipo de cosas hace replantearse a uno la suerte que ha tenido y a veces, tenemos que valorar más las condiciones en las que vivimos. Aún así seguiremos quejándonos y querremos más y más cosas, pero parece increíble que haya gente q tenga como sueño algo que debería ser así para todos.
Muy bueno, Cris
Besillos!