
Quejarse es fácil pero, ¿quién forma
parte de alguna asociación de estudiantes universitarios?
Huberto Marraud, decano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad Autónoma de Madrid
En pleno proceso de adaptación de los estudios universitarios al plan de Bolonia, muchos estudiantes y profesores siguen desinformados. Pero la manifestación convocada el ocho de mayo en Madrid, dejó claro que la oposición no cesa. Huberto Marraud está implicado activamente en la reforma de las carreras de esta facultad, a su cargo desde 2004, y conoce los puntos de vista que se han generado desde que se supo que la Convergencia Europea sería un hecho a partir de 2010.
Una de las cosas que más satisfacción le da de ser decano, es la posibilidad de diseñar estrategias, de ver resultados y de participar directamente en la mejora de la facultad de filosofía y letras. Y desde luego, ha escogido el mejor momento. Implicado de lleno en el cambio, afronta Bolonia como una oportunidad para exigirse más. Para ello cuenta con un equipo que deja a la altura del betún la iniciativa de Zapatero de incorporar mujeres en los cargos más importantes: “he cogido a las ocho personas más competentes y sucede que todas son mujeres muy comprometidas en los asuntos de gestión”, explica Huberto, orgulloso de su elección.
El nuevo plan es el reto para la mejora laboral de las letras, al menos desde la perspectiva de la Universidad Autónoma, pues se trata de superar el bache en el que están sumergidas al no ser consideradas útiles: “el ámbito de las humanidades y las letras hay que reorientarlo. Bolonia nos proporciona la oportunidad de que la situación mejore. Que lo esté o no dependerá de lo que hagamos”. Pero sin embargo, no es el caso de filologías como la inglesa o la francesa. Huberto apunta que el éxito de las salidas de estas carreras está más bien vinculado al hecho de “tener competencias lingüísticas más elevadas, pero la mayor parte de los trabajos no tienen nada que ver con la filología”. Esta es la razón por la que hay que buscar mayor cobertura a titulaciones que, como filología clásica, parecen no tener otro objetivo que la tradicional y saturada salida de la enseñanza. De hecho, actualmente está más vinculada a la gestión cultural, como por ejemplo la conservación del patrimonio, la organización de exposiciones o la gestión de agendas culturales de ayuntamientos e instituciones.
Respecto al desconcierto que ha despertado el plan de Bolonia, Huberto explica que entre los estudiantes “en general predomina el desconocimiento, pero además circulan por ahí ciertos estereotipos. Tienen ideas imprecisas”. En esto cree que colaboran los medios, ya que “la información que aparece prácticamente son eslóganes generales que no tienen una apoyatura en los documentos existentes, como lo de la mercantilización de la universidad y la desaparición de carreras”. Entre otras cosas, también se teme por la posibilidad de que las becas desaparezcan, pero “dependen de las comunidades autónomas, no del plan de Bolonia”. Sin embargo, la Universidad Autónoma tiene una ventaja sobre las demás, y es que desde el plan de 1995, sus carreras tienen cuatro años. “Por eso la contestación contra Bolonia es más fuerte en la Complutense que en la autónoma”, y puntualiza que las principales reformas tienen que ver con el diseño curricular. Otro de los temas que habrá que tratar, es cuándo se hará la selectividad, porque en el calendario del plan nuevo parece ser que no encaja.
En lo que concierne al sector del profesorado, “hay un porcentaje significativo que lo mira con prevención en la medida en que suponga una modificación profunda”, además de que “los profesores tenemos un cierto sentido de la propiedad de nuestras asignaturas. Su mayor preocupación es que pueda desaparecer su asignatura”. La decisión de eliminar ciertas materias dependerá de la negociación, y como última medida la votación.
A pesar de que el plan de Bolonia no va a afectar significativamente a los que están estudiando ahora, hay cierta incertidumbre en torno a la validez de los títulos antiguos. Huberto nos saca de dudas: “En realidad lo que va a suceder es que van a desaparecer todos. Porque ahora lo que no va a haber es un catálogo donde aparezcan los títulos que se pueden impartir en España. Va a haber un registro, de manera que cada universidad diseña sus títulos y los inscribe en ese registro”. En el momento en que el plan de Bolonia entre en funcionamiento, existirán dos tipos de títulos: “algunos que otorgan competencias profesionales, que vienen regulados por leyes de rango superior, como por ejemplo la abogacía o el ámbito de la salud, y lo que has adquirido lo conservas. Los que no tienen competencias profesionales reguladas por ley son casi todos o todos los del ámbito de humanidades y letras, que en ese caso no dan competencias”. Esto quiere decir que no va a haber ningún puesto de trabajo que sólo se pueda desempeñar si se está en posesión de un título de estas características. Por eso valida los conocimientos de unos y de otros. A esta medida hay que añadir que ya se ha puesto en funcionamiento, aunque pertenece al proceso de Bolonia, el denominado suplemento europeo del título, que es “un instrumento de certificación común al que puede ir cualquiera. En él certificas cuáles son los conocimientos y habilidades que tiene tu graduado y eso es lo que permite reconocer los contenidos en el ámbito europeo”. Resuelta esta gran duda, queda saber qué papel tienen los estudiantes a la hora de participar activamente en las decisiones de la universidad. Pero nos topamos con la sorpresa de que la mayoría de ellos no pertenecen a ninguna asociación de estudiantes. A nivel de facultad tienen un peso mayor, pero según dice Huberto, “es difícil que un estudiante conozca a otros estudiantes de otras carreras con los que pueda coordinarse. No hemos encontrado un mecanismo de representación y participación en general para la toma de decisiones de la vida de la universidad”. Por tanto, existe la posibilidad de participar, aunque falten los medios necesarios y sobre todo, la voluntad de los universitarios para llevarlo a cabo.
El plan de Bolonia aún no ha terminado de despejar muchas de las incógnitas que siguen inquietando a más de uno. Por otro lado, cada universidad cuenta con sus problemas individuales. Aunque para la Autónoma suponga menos quebraderos de cabeza, pues además de tener una parte del trabajo hecho en cuestión de duración de las carreras, son sólo ocho facultades, con lo que “es más fácil introducir mejoras aquí que en un cuerpo del tamaño del de la Complutense”, relata Huberto. Sólo es cuestión de aprovechar esas ventajas para afrontar el cambio que se avecina de la mejor manera posible. Y sacarle el máximo provecho. Eso sí, siempre pensando en el progreso de la comunidad universitaria.
He tenido que esperar hasta hoy a leerla, pero ha merecido la pena xD
Yo la verdad es que ya no me aclaro con la mierda de Bolonia, qué puto jaleo… Pero me sigue pareciendo una mierda, todo sea dicho xD
Y la entrevista me ha gustado, sí. A ver qué cojones dice la señora entrevistadora profecioná… que en esta como te ponga una R- es pa’ colgarla del árbol más alto xD