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Parecía que no iba a llegar nunca, pero el último día llegó. Con lágrimas en los ojos sacó todo cuanto había en el armario y en los cajones. Espacios que, tiempo atrás, habían sido ocupados con ánimo quejumbroso. “todo es cuestión de acostumbrarse”, pensó. Pero cuando miraba al horizonte en las tardes calurosas de Puerto de Mazarrón, pensaba que no sería capaz de aguantar seis meses trabajando allí, lejos de su familia, lejos del calor hogareño que tanto echaba en falta. “Uno se da cuenta de lo afortunado que es por tener todo lo que tiene cuando lo pierde definitiva o temporalmente por decisión propia. Entonces se percata de que no necesita nada y que si ha decidido alejarse de los suyos ha sido por pura ambición. El sentimiento de culpa le invade y cree que se ha equivocado, pero en el fondo sigue convencido de que ha tomado la decisión correcta”. Esta serie de reflexiones se agolpaban en la cabeza de Julia. ¿Era culpable por querer progresar? ¿Había sido egoísta por haber elegido irse al sur por un tiempo? ¿Tenía la culpa acaso de querer cambiar de aires, de querer conocer lugares nuevos?

Con el paso de los días, Julia se había encargado de auto-convencerse de que había hecho lo correcto. Además, aunque al principio tardó en adaptarse, ahora no podía evitar sentir pena. Había conocido gente muy agradable en su puesto de trabajo (un hotel del Puerto), había visto lugares maravillosos, había probado manjares exquisitos, había escuchado el rugir de las olas en las tardes de primavera cuando aún las playas no estaban abarrotadas de veraneantes… Definitivamente, aquella estancia había sido muy provechosa.

Ahora le tocaba pensar en el futuro. Quizás ya estaba preparada para montar su propio hotel, quizás ya no necesitaría seguir trabajando para otros, seguir haciendo cursos de hostelería, seguir estudiando idiomas. SÍ, ya era hora de ser independiente de una vez por todas, de tener ingresos suficientes, de tener su casa. Tantos objetivos para los que había empeñado 15 años de su vida. A sus 32 años, era el momento de estabilizarse, de formar una familia, de vivir mejor. Mientras metía sus pertenencias en la bolsa de viaje, se acordó de un hecho que le sacó de la depresión en que cayó al llegar a tierras mazarroneras. Una de las camareras del hotel en el que trabajaba se le acercó solidarizada ante la angustia reflejada en sus ojos y le dijo que aquella tarde irían a un lugar del que quedaría enamorada.

Esa misma tarde las dos mujeres comenzaron a andar hacia la playa de Bahía. Al llegar, se descalzaron y fueron caminando por la orilla. Julia avanzaba lentamente con la mirada puesta en el suelo. Ni si quiera se había percatado de que estaban subiendo una rampa que conducía a un mirador encallado en el mar. Cuando alzó la cabeza, trató de asimilar en pocos segundos todo lo que tenía a su alrededor. Desde allí se veía la playa, las casas bajas situadas en primera línea, la gente que andaba mientras dejaba hundir los pies entre la arena. Al otro lado, un mar inmenso se posaba ante los ojos de la muchacha deprimida, que no pudo por menos de esbozar una sonrisa, de quedarse perpleja ante tales perspectivas y de intentar llegar más lejos de lo que le permitían sus retinas.

Entonces, sólo había pasado un mes desde que comenzó la aventura, pero se dio cuenta de que aquella era la primera gran maravilla por la que debía disfrutar su tiempo allí. Puerto de Mazarrón guardaba rincones fantásticos que no podía perderse.

La pena fue disipándose con cada maravilla que le regalaba a su mente. Comenzó a vivir con la esperanza de que esas experiencias le ayudasen a dar el salto a la vida que siempre había querido. Seis meses después las lágrimas resbalaban por otras razones. Cerraba la maleta definitivamente, pero con ella recuerdos que jamás olvidaría.

Reflexiones veraniegas

El 7 de julio emprendí un viaje más largo de lo que creía. No eran sólo los 500 y pico kilómetros que separan Colmenar Viejo de Puerto de Mazarrón. No. Era un viaje que comenzaba estando allí. Que nadie piense que me he dedicado a viajar desde Puerto de Mazarrón a diferentes lugares, aunque alguna vez he vuelto a casa invadida por la nostalgia. Pero no, no me refiero a ese tipo de viajes. Me refiero a mi viaje profesional, ese que solo puedo hacer yo.

Creí comenzar mi carrera hace tres años cuando entré en la universidad. Y aunque allí he aprendido muchas cosas (especialmente a alimentar más si cabe el amor que siento por el periodismo a base de decepciones que quienes me conocen saben), nada como trabajar de periodista haciendo lo que habitualmente hacen los trabajadores de una radio.

Radio Costa Cálida está siendo el primer paso en esta ardua travesía que es la de aprender haciéndome un hueco en este mundo. Y si antes me cabía alguna duda, ahora tengo claro que haré lo imposible para trabajar en lo que me gusta. Soy consciente de las dificultades que encontraré, pero también soy consciente de que no podría dedicarme a ninguna otra cosa. Parte de mi felicidad dependerá de lograr esta meta.

Una de las mayores satisfacciones que he tenido en mi vida ha sido ponerme delante de un micrófono (de esponjita por supuesto jaja, aunque sin esponjita también me vale, porque nunca olvidaré mi primera práctica en la universidad, aquel comentario criticando al plan de Bolonia…qué grande fue ese día). Esa sensación de sentirme útil haciendo lo que siempre he querido hacer casi no podría compararse con nada. Sólo espero que esta ilusión nunca muera, ni si quiera cuando acabe la carrera y me patee todo Madrid en busca de trabajo.

Me queda un mes para terminar mis prácticas aquí. Y sé que un hueco de mi corazón siempre estará reservado a este rinconcito de España: por sus playas, por sus vistas impresionantes, por sus miradores, por su olor a jazmín, por su cine de dos películas al precio de la mitad de una en Madrid, por sus batidos interminables, por el placer de compartir helados inmensos, porque aquí he echado (y echo) de menos, porque aquí he madurado cada verano…y porque nunca olvidaré que un verano empecé a hacer realidad mi sueño en mi siempre querido Puerto de Mazarrón.

De nuevo, una entrevista

Antonio Fafián: “Hoy en día todo tiene su sitio en televisión, incluidos los frikis, ¿por qué no?”

Vuelvo por estos lares para publicar una entrevista que hice el pasado 28 de mayo a Antonio Fafián, el joven presentador de Teledeporte 2. Aparentemente un nombre sin fondo, un nombre que pocos conocerán. Pero si junto a él aparece el de otra persona, José María García*, la cosa cambia. Porque además de trabajar con él cuando José María estaba en lo más alto de la información deportiva, le admira como no admira a ningún otro periodista.

Antonio Fafián también fue uno de los protegidos de José Antonio Abellán*, director desde el año 2000 de la redacción de deportes de la cadena COPE.

Antonio nos cuenta su experiencia periodística, especialmente desde que trabaja en televisión desde septiembre de 2007 en las mañanas de La 2.

¿Cómo comenzaste a trabajar en el mundo del periodismo? Bufff, yo muy joven, empecé mientras estudiaba, haciendo radio en 40 principales, M80, en Antena 3 radio, en la SER haciendo algo de deportes, tuve la corresponsalía de la agencia EFE, en un periódico como fotógrafo…y después más seriamente con el mundo de la radio…

Osea que tampoco te resultó muy difícil meterte en el mundillo… No, es que tuve mucha facilidad. No sé si era por mis cualidades o por suerte, no lo sé. Pero empecé bien.

¿Siempre supiste que querías dedicarte a espacios de deporte? No, no tenía ni idea ni de que me iba a dedicar al mundo de la radio ni de la televisión ni nada. Yo empecé en 40 principales mientras estudiaba. Antes incluso de empezar a hacer la carrera.

Además de deportes, ¿en qué otras secciones has estado? En los dos años anteriores a estar aquí estuve en la cadena COPE en Madrid…bueno he estado más años en la cadena COPE pero los dos últimos años que estuve allí dirigí un departamento de investigación. También una investigación del EGM que se decía que la COPE se había infiltrado. Pues yo fui uno de los infiltrados y la dirigí yo.

¿Cómo llegaste a trabajar en TVE? Me llamaron y me ofrecieron una oferta.

¿No era una meta que tuvieses en mente? ¿TVE? No. Sí me llama el mundo de la televisión. Antes había tenido alguna oferta para trabajar en televisión y la había rechazado. Y en esta ocasión me ofrecieron una buena oferta, me decidí y abandoné la radio.

¿Cuál es el medio que más te gusta? La televisión me gusta mucho, la radio es mágica. Yo echo de menos la radio, la inmediatez, el directo, contar las cosas aunque sea por teléfono desde el lugar de los hechos. En televisión hay directo, pero no depende sólo de ti. Necesitas un satélite, el cámara, un operador, el que lleva el trípode, el de las cintas, el de las luces, el del sonido…

¿Hay posibilidad de que vuelvas a la radio? Tengo ofertas para volver a la radio en colaboraciones con la cadena COPE, pero de momento me dedicaré exclusivamente a la televisión.

¿Qué es lo mejor de trabajar en televisión?Lo mejor es que estoy descubriendo un mundo nuevo, tenía muchísimas ganas, estoy contento.

¿Y lo peor?Creo que todavía no lo he descubierto. A lo mejor que tu cara salga en televisión…que influye en tu privacidad.

¿Cómo es el día a día del trabajo en televisión? Bueno, un periodista deportivo no tiene horarios. Ni tenemos horarios ni fines de semana por supuesto.

Desventajas de hacer un programa en directo, ¿Cómo se sale de los apuros? Bueno, hay que tener preparado lo que vas a decir y lo que vas a hacer, pero yo creo que los que somos de radio tenemos muchísima más facilidad para salir de esas situaciones.

¿Qué opinas de la gente que entra a trabajar en la televisión sin tener el título de periodista? Depende. Si ha estudiado por ejemplo derecho y se ha hecho un master, está especializado en derecho más que uno que haya estudiado periodismo. Yo creo que hoy en día hubiese estudiado cualquier carrera y me hubiese hecho un master. Estaría más preparado.

Pero otro tipo de gente que no tiene por qué tener estudios… Todo tiene su sitio en televisión, incluidos los frikis, por qué no. A lo mejor si en la televisión fuese todo con programas de periodistas cultos sería un coñazo. Y bueno, por qué no una persona que tiene buenas cualidades para salir en televisión. Porque a parte de ser periodista te tienen que acompañar muchas más cualidades. Si tienes ambas cosas está claro que estás más preparado que uno que no es periodista.

Cuéntame alguna anécdota de tu trabajo Pues…desde pensar que estás haciendo un falso directo, hasta que te dicen que estás en directo…Y cuando trabajaba en la radio haciendo investigaciones me intentaron quemar el coche con amenazas y demás…

¿Y anécdotas buenas? Hay muchísimas, cada viaje es una historia nueva, conoces gente…Compensan más las buenas que las malas.

Con respecto a tu programa, ¿en qué crees que se diferencia de otros programas de deportes? No creo que haya mucha diferencia. Acabamos de empezar, digamos que es un programa piloto, a ver cómo funciona. Pero hay que mejorar muchas cosas y para eso hay que tener medios.

¿Crees que todos los deportes reciben una dedicación proporcional? No no. Ni se podrá. Lo que vende es el fútbol.

¿Y en tu programa en concreto?Bueno aquí por ser TVE se trata bastante el tema de los juegos olímpicos. TVE tiene los derechos de los juegos olímpicos.

Algún periodista al que tengas como referente: José María García

Y algún otro dentro y fuera del ámbito de la televisión… No. Para mi ha sido un maestro. El rigor, el contrastar, el trabajar…fue quien me hizo más fácil acoplarme a otros puestos de trabajo.

¿Crees que es difícil para la gente que estudia periodismo encontrar trabajo? Bueno yo llevo diez años haciendo esto, pero yo también cortaba faxes, llevaba cafés, trabajaba sin contrato, sin seguro…es duro, el camino es muy jodido. Pero si eres bueno vas a salir. Ya no sólo bueno, si eres constante y trabajador ¿sabes? Seguro.

* Éste ya pasa de los sesenta, y se retiró de la vida pública en el 2002 a causa de un cáncer. Cuando reapareció dio mucho que hablar por la entrevista que Jesús Quintero le hizo en febrero de 2007 para TVE. Una entrevista que nunca vio la luz en dicha cadena por sus duras declaraciones política y periodísticamente hablando. Para quien tenga curiosidad de verla dejo el enlace: http://www.elmundo.es/especiales/2007/02/comunicacion/quintero_garcia/index.html

* Abellán estuvo involucrado en la polémica del EGM (Estudio General de Medios) en la que se le acusaba de infiltrar falsos encuestadores en este estudio con el fin de inflar los datos de audiencia de la radio de los obispos.

Quejarse es fácil pero, ¿quién forma

parte de alguna asociación de estudiantes universitarios?

Huberto Marraud, decano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad Autónoma de Madrid


En pleno proceso de adaptación de los estudios universitarios al plan de Bolonia, muchos estudiantes y profesores siguen desinformados. Pero la manifestación convocada el ocho de mayo en Madrid, dejó claro que la oposición no cesa. Huberto Marraud está implicado activamente en la reforma de las carreras de esta facultad, a su cargo desde 2004, y conoce los puntos de vista que se han generado desde que se supo que la Convergencia Europea sería un hecho a partir de 2010.

Una de las cosas que más satisfacción le da de ser decano, es la posibilidad de diseñar estrategias, de ver resultados y de participar directamente en la mejora de la facultad de filosofía y letras. Y desde luego, ha escogido el mejor momento. Implicado de lleno en el cambio, afronta Bolonia como una oportunidad para exigirse más. Para ello cuenta con un equipo que deja a la altura del betún la iniciativa de Zapatero de incorporar mujeres en los cargos más importantes: “he cogido a las ocho personas más competentes y sucede que todas son mujeres muy comprometidas en los asuntos de gestión”, explica Huberto, orgulloso de su elección.

El nuevo plan es el reto para la mejora laboral de las letras, al menos desde la perspectiva de la Universidad Autónoma, pues se trata de superar el bache en el que están sumergidas al no ser consideradas útiles: “el ámbito de las humanidades y las letras hay que reorientarlo. Bolonia nos proporciona la oportunidad de que la situación mejore. Que lo esté o no dependerá de lo que hagamos”. Pero sin embargo, no es el caso de filologías como la inglesa o la francesa. Huberto apunta que el éxito de las salidas de estas carreras está más bien vinculado al hecho de “tener competencias lingüísticas más elevadas, pero la mayor parte de los trabajos no tienen nada que ver con la filología”. Esta es la razón por la que hay que buscar mayor cobertura a titulaciones que, como filología clásica, parecen no tener otro objetivo que la tradicional y saturada salida de la enseñanza. De hecho, actualmente está más vinculada a la gestión cultural, como por ejemplo la conservación del patrimonio, la organización de exposiciones o la gestión de agendas culturales de ayuntamientos e instituciones.

Respecto al desconcierto que ha despertado el plan de Bolonia, Huberto explica que entre los estudiantes “en general predomina el desconocimiento, pero además circulan por ahí ciertos estereotipos. Tienen ideas imprecisas”. En esto cree que colaboran los medios, ya que “la información que aparece prácticamente son eslóganes generales que no tienen una apoyatura en los documentos existentes, como lo de la mercantilización de la universidad y la desaparición de carreras”. Entre otras cosas, también se teme por la posibilidad de que las becas desaparezcan, pero “dependen de las comunidades autónomas, no del plan de Bolonia”. Sin embargo, la Universidad Autónoma tiene una ventaja sobre las demás, y es que desde el plan de 1995, sus carreras tienen cuatro años. “Por eso la contestación contra Bolonia es más fuerte en la Complutense que en la autónoma”, y puntualiza que las principales reformas tienen que ver con el diseño curricular. Otro de los temas que habrá que tratar, es cuándo se hará la selectividad, porque en el calendario del plan nuevo parece ser que no encaja.

En lo que concierne al sector del profesorado, “hay un porcentaje significativo que lo mira con prevención en la medida en que suponga una modificación profunda”, además de que “los profesores tenemos un cierto sentido de la propiedad de nuestras asignaturas. Su mayor preocupación es que pueda desaparecer su asignatura”. La decisión de eliminar ciertas materias dependerá de la negociación, y como última medida la votación.

A pesar de que el plan de Bolonia no va a afectar significativamente a los que están estudiando ahora, hay cierta incertidumbre en torno a la validez de los títulos antiguos. Huberto nos saca de dudas: “En realidad lo que va a suceder es que van a desaparecer todos. Porque ahora lo que no va a haber es un catálogo donde aparezcan los títulos que se pueden impartir en España. Va a haber un registro, de manera que cada universidad diseña sus títulos y los inscribe en ese registro”. En el momento en que el plan de Bolonia entre en funcionamiento, existirán dos tipos de títulos: “algunos que otorgan competencias profesionales, que vienen regulados por leyes de rango superior, como por ejemplo la abogacía o el ámbito de la salud, y lo que has adquirido lo conservas. Los que no tienen competencias profesionales reguladas por ley son casi todos o todos los del ámbito de humanidades y letras, que en ese caso no dan competencias”. Esto quiere decir que no va a haber ningún puesto de trabajo que sólo se pueda desempeñar si se está en posesión de un título de estas características. Por eso valida los conocimientos de unos y de otros. A esta medida hay que añadir que ya se ha puesto en funcionamiento, aunque pertenece al proceso de Bolonia, el denominado suplemento europeo del título, que es “un instrumento de certificación común al que puede ir cualquiera. En él certificas cuáles son los conocimientos y habilidades que tiene tu graduado y eso es lo que permite reconocer los contenidos en el ámbito europeo”. Resuelta esta gran duda, queda saber qué papel tienen los estudiantes a la hora de participar activamente en las decisiones de la universidad. Pero nos topamos con la sorpresa de que la mayoría de ellos no pertenecen a ninguna asociación de estudiantes. A nivel de facultad tienen un peso mayor, pero según dice Huberto, “es difícil que un estudiante conozca a otros estudiantes de otras carreras con los que pueda coordinarse. No hemos encontrado un mecanismo de representación y participación en general para la toma de decisiones de la vida de la universidad”. Por tanto, existe la posibilidad de participar, aunque falten los medios necesarios y sobre todo, la voluntad de los universitarios para llevarlo a cabo.

El plan de Bolonia aún no ha terminado de despejar muchas de las incógnitas que siguen inquietando a más de uno. Por otro lado, cada universidad cuenta con sus problemas individuales. Aunque para la Autónoma suponga menos quebraderos de cabeza, pues además de tener una parte del trabajo hecho en cuestión de duración de las carreras, son sólo ocho facultades, con lo que “es más fácil introducir mejoras aquí que en un cuerpo del tamaño del de la Complutense”, relata Huberto. Sólo es cuestión de aprovechar esas ventajas para afrontar el cambio que se avecina de la mejor manera posible. Y sacarle el máximo provecho. Eso sí, siempre pensando en el progreso de la comunidad universitaria.

Un sueñito cumplido

Fernando Madina: “Me da mucha rabia que la abstención no se refleje en escaños vacíos en el parlamento”

Un estilo de música, el punk-rock. Unas letras, destinadas a los corazones más exigentes de nuestra sociedad. Un cantante y bajista, dos guitarristas y un batería para llenar un escenario. 21 años de trayectoria musical. Y el decimoquinto disco a punto de salir al mercado. Una combinación que da como resultado un grupo, Reincidentes, cada año más consolidado dentro del mundo del rock estatal.

Fernando Madina pone la voz y el bajo. A pesar del paso de los años, sus ideas se mantienen intactas. Esas ideas sobre las que un día se asentó la banda. Esas ganas de poner los puntos sobre las íes y de no dejar títere con cabeza.

Nos recoge en la estación de cercanías de Brenes, Sevilla, en un Golf antiguo que compró en Alemania años atrás. “Estaba muy barato”, nos cuenta, “pero bajad las ventanillas que estos coches no los hacen con aire acondicionado”.

Llegamos a un restaurante. Casi nadie le conoce, pero todo el mundo le mira. Luce un pendiente largo con forma de esqueleto y una camiseta roja de su penúltimo disco, El comercio del dolor.

Sólo una pregunta para demostrar que su vida es un mundo aparte. ¿Qué opina del Chiquilicuatre? “es que yo he oído hablar, pero no se quién es. Veo muy poco la tele. ¿Un friki seguro no? Son gente estúpida que vende estupideces a gente más estúpida todavía. La gente podría ver otras cosas en la televisión”. Y es que Fernando mantiene una actitud muy crítica con el mercado de la música. Desde su experiencia sabe que hacerse un hueco es muy complicado. Pero sin embargo, abundan los programas de televisión que provocan el salto a la fama de muchos. “No veo OT pero me han comentado que también sale gente que sabe cantar. Lo que no está bien es el diseño en el sentido de que parece un invento de las grandes discográficas para agarrar a un artista, exprimirlo los años que pueda y luego mandarlo a la mierda”. El caso del rock es diferente: “El publico es mas fiel, menos versátil. Pero la música responde al sistema económico capitalista. Pasa con los cantantes pero también pasa con las patatas fritas”. Reitera su opinión sobre el festival de Rock in río, al que acudirán Manolo García, Alejandro Sanz y El Canto del Loco: “uno, dos y tres, los que más venden. Eso es así, son leyes de mercado”.

El rock también tiene su espacio. El festival Viñarock aglutina cada año a miles de personas que acuden a ver a sus artistas favoritos. Entre ellos en la próxima edición estarán Reincidentes, que actuarán el uno de mayo. “Creo que se ha ido enriqueciendo, se han creado más escenarios especializados, con músicas como el hip hop o la electrónica, que mejoran el panorama de la música en castellano. Sé que tocamos con unos grandes amigos nuestros que son La vela puerca de Uruguay y con Barricada”. Otra de las fiestas de las que Fernando guarda bonitas experiencias es la del PC, en Madrid. En su última edición su grupo se quedó sin luz nada más salir al escenario. Fernando se acuerda de ello: “Pensé: tierra trágame, ¡aquí hay mucha gente quillo! De todas formas cabe la seguridad de tantos años conociendo al público de Madrid que ellos lo van a entender y que no pasa nada”.

Otro de los ámbitos en los que Fernando se muestra muy crítico es el de los medios de comunicación. La canción Camela 3, habla de Carrascal y de Herreros. El tiempo ha pasado y han aparecido nuevas caras de las que hablar. “Yo cogería al 85% de los que hay. Pero la San Sebastián y el Losantos ya son hasta divertidos. Hay excepciones muy buenas, pero los hay que son un circo. Yo ya me lo tomo en plan voy a oírle porque me voy a partir el culo”.

Mientras surgen temas nuevos de los que hablar, incluso temas que hay que adaptar a la actualidad, hay otros que afortunadamente pasaron a la historia: “Mili kaka. Ójala que Resistencia no” canción dedicada al pueblo cubano.

La política es el tema por excelencia de Reincidentes. Fernando nos explica su punto de vista: “No te puedes fiar de nadie porque los partidos que han ganado su programa electoral no lo cumplen generalmente. Quizás la legislatura de Zapatero haya cumplido más puntos del programa que otros. El PP sí cumple un poco más pero porque son fachas y cumplen su programa facha. En el arco parlamentario IU puede ser lo menos malo. Y fuera del arco parlamentario a la izquierda de IU hay gente muy legal, muy competente pero que se pierde excesivamente en pelearse entre ellos, entonces nunca ganan nada”. Este descontento hacia los partidos políticos queda de manifiesto en la canción A la hora de votar vota a nadie: “hace referencia a ese partido que lo promete todo y te da una puta mierda. Es una burla de las promesas electorales” explica Fernando. “Muchas veces no he votado y otras he votado a IU. Pero el primer impulso es no votar. Me da mucha rabia que la abstención no se refleje en escaños vacíos en el parlamento”. Fernando, al igual que sus compañeros, encaja más dentro de la ideología comunista “si la palabra todavía vale” apunta. De hecho, tienen un ejemplo sevillano al que dedican una canción dentro de su repertorio: Marinaleda. “Es como una especie de comunismo más asambleario, una mezcla de comunismo con ese anarquismo andaluz agrario de principios de siglo” cuenta el cantante, “pero tanto el anarquismo como el comunismo hay que irlo construyendo día a día. Y lo tenemos que hacer los que creemos en cambiar el mundo. En creer en el sector público como motor de la economía”. Para muchos esto es ya una utopía, pero para Fernando “podría ser factible en todo el mundo. Lo que pasa es que no se quiere” y trasladándolo al caso español “aunque ganara unas elecciones el PC y quisiera nacionalizar las cosas realmente importantes, las materias primas, las fuentes de energía… se monta una guerra. Pero sigo creyendo que hay que hacerlo, si cuesta sangre que cueste. Sangre de los ricos quiero decir” determina sin titubeos.

Cuando tocamos el tema de los nuevos proyectos en los que están involucrados, Fernando cambia el tono de voz. Se muestra positivo, alegre. Se olvida de los problemas y mira hacia el futuro. Realidad Musical es una de las iniciativas que están llevando a cabo con otros grupos de rock: “es una especie de plataforma creada por tres oficinas de contratación: Atraction, Vilma Producciones y el grupo Pinball aunque no todas las bandas van a entrar en la plataforma”. A esas tres oficinas hay que añadir La otra orilla, discográfica exclusiva de Reincidentes. Un invento salido de los managers de los grupos que han querido formar parte de la idea. El objetivo es “la independencia musical y la no dependencia de los sellos”. Además “esa plataforma ha llegado a un acuerdo con la distribuidora BOA para vender los discos en las tiendas, para la fabricación y para hacer la promoción de todos” aunque cada grupo es autónomo y plantea su propio presupuesto. “Nos autoeditamos los discos, se los pasamos a BOA y BOA los coloca en la calle y en la red”. En la fiesta de presentación de Realidad Musical, que se celebró en Madrid el 29 de febrero, Reincidentes, junto con Disidencia, Boikot y El último ke zierre, aprovecharon para recaudar fondos y ayudar a la familia de Carlos Palomino, el joven asesinado por un nazi el pasado once de noviembre. Para ello, hicieron un acuerdo con una organización implicada en el caso. Decidieron cubrir gastos y el resto dárselo a los padres. “Les van a salir caros los abogados, y sé que es una familia humilde económicamente. Así que toda la ayuda que les llegue es buena. A la fiesta fueron 3000 personas, a 10 euros cada una” con lo que el resultado fue más que positivo.

Otro proyecto que está a punto de salir al mercado es el nuevo disco de Reincidentes. “Está en Londres rehaciéndose porque hay una cosa que no nos gusta” confiesa. La presentación está pensada para el día 16 de abril y debutarán el día 18 en el Extremúsica. Fernando nos adelanta algunas cosas que nos encontraremos. “Es un disco de versiones de música popular latinoamericana. Abre con un tema de Pablo Milanés y también hay un tema de Silvio Rodríguez” eso sí, todo a la manera Reincidentes.

Después de más de veinte años de carrera musical el balance es muy bueno. “A nosotros nos sale solo, queremos pintar la realidad. No nos gusta lo que vemos y no nos vamos a cansar. A las personas que les encanta su trabajo no les importa estar toda la vida trabajando, es un privilegio. Yo estoy cumpliendo un sueño que tenía cuando era adolescente”.

Cuando Said llegó a casa aquella noche, recordó la conversación que había tenido con Rashid en el camino: “nadie sería capaz de dejarnos aquí”, “Si nos ha tocado esto será por algo”, “si averiguamos que es real podemos buscar un atajo”. El bueno de Rashid…un atajo… ¡ojala! Pero al menos quería descubrir si el paraíso existía. Su madre le encontró pensativo con la espalda pegada a la puerta.

 

         Hijo, ¿qué te ocurre?

         Nada mamá, es que anoche tuve un sueño. Un niño me llevaba a un lugar muy bonito donde otros niños estudiaban. Y hoy he tenido una conversación con Rashid a cerca de eso. Él dice que si existiera un mundo así nadie hubiera sido capaz de dejarnos tirados. ¿Ese mundo existe?

 

La madre entristeció. No sabía cómo explicar a su hijo que ese lugar existía, pero que no les había tocado. Y que mucha gente en su intento de llegar o había muerto o no tenía una vida fácil en el nuevo mundo. Pero, ¿cómo decir a su hijo que nunca podría buscar una salida? No, era mejor no decírselo. Era demasiado pequeño como para destruir sus sueños.

 

         Hijo, ese mundo existe, pero está muy lejos y no cualquiera puede llegar. Quizás dentro de unos años podamos buscar alguna forma de irnos de aquí. Cuando tengamos dinero. Ya sabes que lo que trae papá a casa no llega para mucho. Y tú hijo…bastante haces. No sabes lo orgullosa que estoy de ti. Eres un niño muy responsable.

         Hago lo que puedo mami, yo sé que tú no puedes trabajar, que estás malita. Así que soy bueno y no me quejo. Algún día seré el jefe y ganaré tanto dinero que podremos comer tanto como queramos. Ya verás.

 

Sarah había soñado muchas veces con poder dar a su familia lo necesario para vivir dignamente. Pero en aquel lugar era algo impensable. Y menos con una enfermedad que apenas le permitía moverse de la cama. Su marido trabajaba de sol a sol en el campo y ella trataba de tener la casa recogida para que sus dos hombres se sintieran felices al llegar de trabajar. Si los sueños mantenían a Said con ese optimismo,  ¿para qué enseñarle algo que acabaría con la mirada tierna e inocente que tenían sus ojos? Al menos esperaba que antes de que se hiciera mayor, las cosas cambiaran. Alguien tenía que ayudarles.

 

A la mañana siguiente, los dos niños se volvieron a encontrar en el camino.

 

         ¿qué tal Rashid? ¿Sabes? Me ha dicho mi madre que ese lugar  existe, pero que está muy lejos y que es difícil llegar.

         Ya, mis padres me han contado que el otro mundo no es tan divertido. Que a muchos cuando llegan les devuelven a su casa. ¡Después de todo el trayecto! Y que hay que estar autorizado para que te dejen pasar.

         ¿Ah sí? ¿y qué hay que hacer para estar autorizado?

         Pues no sé, supongo que ser un buen trabajador aquí. Si eres buena persona te dejarán ir, ¿no crees?

         Sí, tienes razón Rashid. Últimamente no estamos trabajando bien. El jefe nos mira un poco mal. El otro día me dijo que estaba cundiendo muy poco y que como siguiera así tendría que hacer horas extra. 

         Pues entonces tendremos que trabajar más y mejor. Estoy seguro de que así nos darán el permiso para marcharnos.

         ¿Y nos dejarán llevarnos a nuestros padres?

         Claro, los niños no pueden viajar solos.

         Entonces hoy vamos a encontrar veinte lingotes de oro. Ya verás qué contentos se ponen todos.

         Sí, hoy va a ser nuestro día.

 

Haciendo planes de futuro, Rashid y Said llegaron a la mina. Y clavaron el pico con más fuerza que nunca. Por primera vez estaban motivados. Pensaban que trabajar mucho algún día les recompensaría. Y que sus jefes les darían el premio a los mejores niños con una autorización para poder descubrir el nuevo mundo. Eso si antes la realidad no se imponía a unos sueños que no podrían mantenerse en pie para siempre. Aunque lograran ocultarla por un tiempo, nunca desaparecería. ¿Serían lo suficientemente fuertes como para aguantar toda una vida en esas condiciones? ¿O serían lo suficientemente fuertes como para cumplir en objetivos los sueños irrealizables? A lo mejor la tragedia también termina saliendo a la luz y alguien con mucho poder hace algo por sacarlos adelante. Pero eso sí que es un sueño irrealizable en su grado máximo. Y de sueños no se vive. Se vive de la lucha, de la constancia, de la iniciativa, del sacrificio. No sólo de la gente pobre, sino también de la gente que con sus posibilidades puede ir aportando su granito de arena. El punto de partida para tomarnos el cambio en serio está por llegar. ¿Hasta cuándo esperaremos?

Los ojos sólo tienen capacidad para mostrarnos lo que está delante de ellos. Por eso no vemos más allá de la línea del horizonte. O más allá de la pared de la pared de nuestra habitación. A veces ni si quiera podemos mirar más allá de nuestra nariz. Pero el ser humano tiende a ser inconformista y no puede verse limitado ni por la barrera infranqueable que a veces nos empeñamos en poner nosotros mismos, ni por las circunstancias de la vida.

La resistencia a la rutina se manifiesta de forma consciente gracias a la información que continuamente nos bombardea. En otras ocasiones se muestra de forma inconsciente, especialmente en los casos en los que la fuente de información no puede venir de otro lugar.  El caso de Said era claramente este último. Un sueño le había hecho recapacitar en su situación. Un sueño le había descolocado los esquemas a los que se había terminado acostumbrando. Un esquema que se había reducido al trabajo en la mina y al camastro de su pequeño hogar. La inquietud por salir adelante, por conocer lugares nuevos, por encontrarse con niños como los que había visto aquella noche y por tener, en definitiva, una vida mejor, había despertado desde el momento en que regresó a la realidad. Desde que se dio cuenta que ya era demasiado tarde y que si se demoraba un poco más su jefe le regañaría.

 

Emprendió el camino como cada día desde hacía cuatro años, y sumido en sus pensamientos topó con Rashid, un niño dos años menor que él con el que compartía faena. Rashid había salido de casa y a penas había dado unos pasos, encontró una piedra con la que hacer el camino más ameno. Iba golpeando la piedrecilla cual balón improvisado, hasta que esta chocó con los pies de Said.

 

         Hola Said, ¿qué tal te encuentras hoy?

         Bien, ya tengo la costra- dijo Said señalándose la rodilla. Pequeñas heridas que eran normales dado las circunstancias del trabajo. Carecían de instrumentos de seguridad y estaban expuestos a accidentes que, hasta el momento, no habían sido graves.

         ¿Quieres ir golpeado la piedrecilla conmigo? Es entretenido.

         Venga vale, a ver si así llegamos antes.

 

Aquellos eran los entretenimientos a los que quedaban reducidas sus pocas horas de descanso, pero por eso, eran los ratos más felices del día. A pesar de que ambos estaban condenados a madurar prematuramente, aún seguían siendo unos niños que se negaban a ver únicamente lo que sus ojos querían. No era raro que confundiesen la realidad con la ficción en un intento desesperado por escapar de aquel agujero en que la sociedad les había metido. Pero cuando levantaban la vista se encontraban con la miseria. Por eso preferían mirar al suelo, o como mucho fijar los ojos en los de la persona más cercana. Evadirse aunque fuese con las inocentes patadas que estaban propinando a la piedrecilla de Rashid.

 

         ¿Tú sabías que hay niños que no trabajan?

         ¿Aquí? Eso es imposible. Aquí todos trabajamos Said, excepto los más pequeños, que pueden ir al cole.

         No, no me refiero aquí, tiene que existir algo más que esto, porque he soñado con un niño con cara blanca que va al colegio.

         ¿Con cara blanca?  No existe nadie así, todos somos de color marrón chocolate.

         Que no Rashid, que estoy seguro de que eso tiene que ser verdad. No puede ser que seamos los únicos niños de la tierra.

         Pues no sé, a lo mejor los mayores saben de eso. Pero si eso existiera, ¿entonces qué hacemos aquí? No lo entiendo. Si hubiera alguna posibilidad de ver algo más que esto lo sabríamos, porque nadie sería capaz de dejarnos aquí.

         O sí, no sé. Si nos ha tocado esto será por algo- Dijo Said, seguro de que su sueño era real y lo que pasaba era que los niños blancos eran unos egoístas y no querían compartir aquellos lugares tan bonitos con niños diferentes. El único considerado había sido Charlie, pero no dejaba de ser un niño ficticio, fruto de su delirio nocturno.

         ¿Tú crees que si existe estará cerca? Si averiguamos que es real, podemos buscar un atajo.

         ¿Un atajo? Jajajaja, no seas tontito Rashid, si eso es verdad no debe ser tan fácil llegar.

         Yo no soy tontito- dijo Rashid ofendido. La cara había pasado de la leve sonrisa e incertidumbre, a la amargura de pensar que su amigo le consideraba un tonto.

         No pongas esa cara, que lo digo en broma- le dijo mientras le daba un empujoncito en la espalda. Sabía que Rashid, quizás porque era más pequeño, era fácilmente susceptible a lo que le decían y se tomaba las cosas muy en serio. Tenía 10 años, pero Rashid consideraba que lo que él decía tenía tanta validez como lo que podía decir una persona que le doblase la edad.

 

En medio de esta discusión llegaron a la entrada de la mina. El hombre que había en la puerta les dio un pico a cada uno y les dijo que habría una pausa a media mañana. Entraron con las herramientas en las manos agachándose para no darse en la cabeza con el bajo techo del tramo inicial. Ninguno de los dos había vuelto a pronunciar ni una sola palabra. Seguían caminando y bajando de nivel progresivamente mientras pensaban que no tenía sentido hablar de sueños cuando la realidad no era otra que la oscura y fría mina. Cuando dejaron por fin la mente en blanco, ambos habían incorporado su débil cuerpo y levantaban el pico apuntando a la pared. Habían renunciado forzosamente a  ser niños para convertirse en los útiles de trabajo de hombres que estaban por encima de ellos. Condenados por sacar adelante a sus familias y condenados por la pobreza.

 

 Por mucho que los sueños se empeñasen en dejar de ser ficción para imponerse sobre la realidad diabólica, no dejaban de ser simples sueños y ellos simples soñadores.